Comentario
La primera edición del libro Fertilidad Física de los Suelos fue publicada en 2002, con la autoría de Miguel A. Taboada y Federico G. Micucci. En aquel momento el libro representó una novedad en el ámbito nacional, pues tradicionalmente el estudio de la fertilidad estaba focalizado a los aspectos químicos, con especial énfasis en los dos principales macronutrientes, nitrógeno y fósforo.
No quiere decir esto que los aspectos de fertilidad física fueran desconocidos hasta entonces. Por el contrario, estaban incluidos (entre otros) en la curricula de la asignatura Fertilidad y Fertilizantes de la FAUBA desde el momento de su creación hace casi 40 años. La Edición de 2002 avanzó sobre estos primeros conocimientos, que se concentraban en la aireación del suelo e impedancias mecánicas, incluyendo temas de reciente desarrollo fuera y dentro del país, como por ejemplo, el manejo de la estructura y la porosidad del suelo en sistemas productivos agrícolas y ganaderos.
Han transcurrido sólo seis años entre una edición y otra, pero fueron muchos los avances producidos dentro y fuera del país en los temas abordados, Por ello, la versión actual es realmente un avance por la amplitud y complejidad de los temas. Pasó de un texto compuesto en su totalidad por dos autores, a un libro donde participan varios autores. Así, cada uno de los ocho capítulos fue escrito por especialistas reconocidos en cada temática abordada. Merece destacarse la inclusión en este elenco de autores de la Ora. Claire Chenu, una de las más importantes científicas a nivel internacional en agregación del suelo.
También es importante señalar que cambió el marco de la agricultura argentina, ya que la producción total de granos del país pasó en ese período de unas 70 a más 90 millones de toneladas. Esto se logró a expensas de un aumento de monocultivo de soja y de la expansión de la frontera agrícola hacia suelos más frágiles y vulnerables. Esta mayor presión productiva representa una amenaza para la conservación del recurso, y muchos de los problemas de fertilidad actuales no sólo incluyen el agotamiento de nutrientes sino también problemas de fertilidad física, como la degradación estructural y la erosión consecuente.
En la primera edición se decía que el gran desafío era cómo mantener la fertilidad, y aún restituirla, en suelos con uso agrícola continuado. Ahora se podría ampliar este desafío a cómo mantener el recurso suelo en aquellos sistemas productivos más susceptibles a la degradación.
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