Comentario
Me decían de mi hija en la escuela, que era una niña bien especial, tanto que su profesor de alemán la echó de clase un día por insoportable. Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención, decían. Y el psicólogo confirmó el diagnóstico apresurado del profesor. Cambiamos la escuela y el método, y todo cambió. De ia noche a la mañana ese síndrome, tan temido como calumniado, desapareció. El diagnóstico había fallado y afortunadamente también su pronóstico.
El enfermo era el sistema de educación, lo que faltaba era motivación, una forma eufemística de decir que esa escuela no tenía maestros, sólo profesores y técnicos. Una enseñanza sin amor no motiva y la motivación es el ingrediente esencial de la atención, del aprendizaje y de la memoria.
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